Grayson y Ari llevaron a Vickie al castillo y la condujeron a una de las habitaciones de invitados.
—¡Definitivamente podría acostumbrarme a esto! —exclamó Vickie cuando entraron en el dormitorio.
Grayson dejó su equipaje en el suelo, justo dentro de la puerta: —Si necesitas algo, avísanos —.se detuvo un momento. Al ver que Ari no se movía, le preguntó a Vickie—: ¿Tienes hambre?
—Ya he comido...
—¡Oh! —Ari levantó las manos como si acabara de tener la mejor idea del siglo—: ¡Palomitas!