Xavier:
—Ordené que rehicieran el exámen, Yudith. Estoy convencido de que ese niño no es mío.
Ella gruñe.
—¿ Has pensado qué harás? ¿Si resulta que es tuyo, te casarás con esa mujer?
—No, yo…
—¡Háblame con sinceridad de una maldita vez, Xavier! Así sabré a qué atenerme y estaré preparada para marcharme con mi hijo cuando llegue el momento.
Me mantuve en silencio por varios minutos, contemplándola, con la emoción a flor de piel.
¿Acaso ella estaba celosa?
Me mordí el labio inferior y ella dio un