Así lo hizo. La espero, verla subir hasta él le alegraba la vida. No era una alucinación, estaba frente a él, una vez más.
—¿Te puedo abrazar? —le preguntó ella, cuando llegó frente a él.
—¡Claro! —le abrió los brazos invitándola a hacerlo.
Aquel abrazo fue cálido, significativo, tierno, con añoranza.
Se podían percibir tantos sentimientos en tan poco tiempo. Ricardo le dio un beso en la mejilla, muy cerca de la comisura de su boca y ella se perdía en el hueco de su cuello, percibiendo aquel ol