Jacob me miró con una mirada de odio que, de alguna manera, me excitó aún más. Lo deseaba con todas mis fuerzas, aunque tuviera que maldecirme después.
Me quedé justo frente a él, todavía sentada desnuda en la cama. Vi que su pene se había quedado flácido tras la apasionada sesión inicial. Tenía una expresión que parecía decir: "¡No me mires, cabrón!".
Me quedé en silencio, esperando una señal de mi amante, que me observaba, sin saber qué hacer. ¿Debería provocar a Jacob para que me devolviera