Héctor tomó mis dos senos en sus manos y comenzó a hacer movimientos circulares con sus caderas, volviéndome loco:
- Entonces... me voy a correr... en unos segundos... - Mi voz se apagó.
- Pueden ser segundos, Bárbara... U horas... Esperaré a que vengas a que me corra, ¿de acuerdo?
- ¡Dime que eres real, maldita sea! Apreté sus hombros con todas mis fuerzas.
- ¡Ahí! Sí, soy real... Y siento dolor. – gimió.
"Te ataré… lo juro…" Arqueé mi cuerpo.
- ¿A tu lado? Se movió lentamente dentro de mí. -