Daniel no se quedó mucho tiempo más, ya se había echo tarde y al otro día debíamos volver a la escuela, mis piernas dejaron de doler hace tanto tiempo que cada vez que las rasguño no siento nada, hacerlo para mí es como un calmante.
Una vez mi hermano lo vio, quedó aterrado cuando vio las sábanas llenas de sangre y a mi rasguñado cómo si quisiera sacar algo, él intento como pudo pararme, mientras más lo hacía yo más peleaba con él, mi padre quiso internar me en un psiquiátrico cuando lo supo,