Conforme me fui deshaciendo de sus prendas, él fue quitando la poca ropa que aún traía puesta dejándome solo en medias veladas. Nuestros besos se volvieron mucho más intensos tan pronto nuestras manos hacían contacto directo en la piel. Las suyas parecen ser de fuego, porque con cada roce me tiene ardiendo en el mismísimo infierno.
Quedamos prácticamente desnudos, besándonos y acariciando todo a nuestro paso con lentitud y suavidad. A diferencia de la otra vez en el avión, ahora sí podemos perd