Esmeralda miró a Claverio, deseando devorarlo con la mirada. En ese momento, el chef Pierre se acercó con una sonrisa.
—¡Mi querida, pasa a mi oficina! ¡Hablaremos un poco! —dijo, intentando llevarse a Esmeralda de la tensión que se había creado.
Esmeralda se enojó, sintiendo que la dejaban en ridículo.
—¡Estamos ocupados! —respondió, con un tono que desbordaba desdén.
—¡Pues yo he terminado de tomar mi té y de comer mi pastel! Tengo mucho que hacer —replicó Claverio, decidido a marcharse.
—¡No