Mundo de ficçãoIniciar sessãoDe lo único que estaba convencida desde mi llegada a la ciudad, era que no quería volver a ver a Tía Amanda nunca más. Sin embargo, la visita de Pedro movió mis cimientos. Corrí a saludarlo al verlo parado a la puerta, con las más rara figura que pudiera imaginar. Había venido cargado de un pequeño bolso, una chaqueta arrugada y curtida que hacía juego con sus anchos pantalones pardos, el cabello en el más desconsola







