Sus miradas irradiaban felicidad y ardían llenas de deseo; los latidos de sus corazones desbocados se podían escuchar a kilómetros. Izan sostiene su mano y la lleva a sus labios, dejando un beso tierno y prolongado. Alana no puede más que aferrarse a su saco y besarlo con fervor.
Las miradas están encima de ellos y los flash se hacen presentes.
—Mañana saldremos en primera plana de las revistas más importantes, sabes que para el mundo somos primos aunque en realidad sólo compartimos la etique