INVITACIONES INESPERADAS
[JIMENA]
Ver a Michael jugando con nuestro hijo en el salón tiene algo profundamente reconfortante, casi irreal. Durante unos segundos, todo encaja de una manera tan perfecta que me cuesta creer que esta sea realmente nuestra vida. Bruno corre de un lado a otro con sus autitos, riendo sin parar, mientras Michael, a pesar del cansancio evidente, se entrega por completo a ese momento como si no existiera nada más importante.
Si alguien me hubiese dicho meses atrás que lo