—Lástima —contestó de forma feroz poniéndose de pie—, es mi decisión y no me importa si eso te enoja. —Lucyan frunció el cejo y sus ojos parecían arder—. No te estoy pidiendo permiso. Enfádate todo lo que quieras, me da igual cuánto te enoja eso.
—Eso no es estar enojado —murmuró acercándose a ella y por instinto ella se echó para atrás como reflejo, sin notar que quedaba de espaldas contra la pared. Lucyan la había arrinconado, dejándola indefensa contra la pared como sucedió en la gala.
Tení