Correr para huir de ti, solo me llevó a tus brazos. Y doy gracias por haber llegado.
Tres años después
Isabella
El calor de la tarde se filtra a través de las hojas de los grandes árboles del jardín, pintando destellos dorados sobre el césped perfectamente cortado. Dejo escapar un suspiro largo, acomodándome cómo puedo en la silla mecedora de mimbre que Alexander insistió en comprarme la semana pasada. Llevo mis dos manos a la curva prominente de mi vientre. Siento una presión enorme y pesada q