La luna de miel se terminó y aunque volvimos a Nueva York, me tuve que ir con mi esposo a su casa, era desde luego mucho más grande que la mía, tenía cuatro sirvientas y tres mayordomos. El coche paró en la misma puerta de la mansión, abriéndonos el chofer la puerta del coche, bajando los dos, Nada más dimos dos pasos hacia la entrada y estaban los sietes criados en la puerta, dándonos la bienvenida, haciendo que diera vergüenza. Entramos en la casa, dándole Danko el abrigo a una de las sirvien