Alexandro seguidamente se separó de mi cuerpo, poniendose a nadar, acercándose después mi esposo.
—-- ¿Qué ha pasado? — me preguntó mi marido.
—- Lo de siempre, ¿porque no te has acercado? te he visto huir como los cobardes —- grite.
—- Para cariño, ¿que quedamos ayer tu y yo? no te enfades por favor, llevas a su hijo en tu vientre, tu eres la única que puede hacer algo —- me dijo cogiendo mis brazos.
—- No se Mario algo anda mal, no se que pensar de él, la verdad —- le dije a mi esposo mirándo