Alexandre se quedó mirándonos mientras sonreía, apretando Mario a su cuerpo al mío pues tenía su mano en mi cintura, besándome y haciendo como si estuviéramos enamorados, aunque yo me sentía la payasa de aquel falso circo.
—- Hola Rebeca y Mario, ¿qué tal la vuelta a la ciudad? Aquí anoche llovió bastante, espero que no os haya cogido la tormenta cuando volvierais a casa —- nos dijo Alexandre.
—- No señor, todo el viaje estuvo muy bien, tengo que decirle que pronto volveremos a vernos — le come