Erika Camel
Ya estaba hecho. Ya había mendigado por las atenciones de un hombre. En un solo día había terminado quebrantado más de una ley federal. Había incurrido en el delito de falsificación de documentos, había mentido y si alguien me descubría me acusaría de espionaje coorporativo sin duda alguna, y todo eso para nada.
Tenía un mal humor de los mil demonios. Cómo no Érika, si eso de andar frustrada no era lo mío. « Frustrada pero no vencida» murmuré con decisión. Me rehusaba a rendir