Erika Camel
Al día siguiente no tuve fuerza para nada, me queden en cama y Julie tampoco fue capaz de despegarse de mi.
Mi padre pasó por mi habitación e hice lo posible por que no percibiera mi estado anímico.
—¿Tienes gripe Érika?— inquirió al verme los ojos llorosos y la nariz de payaso que tenía. Aún así me recompuse para responder mejor de lo que me sentía. Imposible que pudiera ser peor.
—Estaré bien papá, parece ser una alergia de estación.
—No te ves bien en absoluto. ¿estás al ta