Derek Mayer.
—Ya está hecho— anuncio Dominico irrumpiendo el silencio casi sepulcral de mi despacho. — Ya fue detenida. Tal y como… me pediste. ¿Contento? — era evidente que había ironía en su voz.
Caminó a encender la lámpara, mas lo detuve con voz afectada por las horas sin pronunciar ni una sola sílaba.
—No enciendas las luces— ordené y el me miró rodando los ojos. Sin duda Dominico tendría alguna afección ocular al final de su vida, por las veces al día que hacu ese gesto.
Apoyé ambos codos