Miedos… y causas.
Derek Mayer
Me acomodo una vez más en la última media hora, en el mullido sillón de la habitación de la clínica, observo de nuevo el rostro de Érika para comprobar que continúe durmiendo. Parece una Blanca Nieves hermosa, con su cabello negro azabache y su rostro pálido resaltado por esa gloriosa boca de mis fantasías más húmedas y celestiales .
Hace cuatro horas que llegamos a esta habitación, y ella continúa durmiendo, aunque no tan tranquila como supuse que estaría.
La doparon al menos c