Érika Camel
Continuó rondando mi habitación como una hiena en una jaula, «dudo que las leonas lleguen a este turbio estado mental». Doy vueltas esperando que aparezca alguien por esa puerta, solo le pido al cielo que no sea el mismísimo Derek quien e toque. No se atrevería tanto. Me tenso ante la idea, aunque no desee verlo ni en pintura, no puedo evitar la tensión sexual que nos rodea en cintó nos quedamos solos. Es como un iman poderoso tirando d emi voluntad hasta que me estrello contra él.