Refuerzos

Amy y yo nos detuvimos ante la puerta del estudio, donde las cosas todavía seguían moviéndose. Parecía que la loca Cristine ya no podía con los muebles pesados, así que se dedicaba a vandalizar objetos más pequeños. Sin prestar atención a los ruidos, Amy explicó en detalle lo que estábamos por hacer.

Cuando ustedes digan —dijo mi teléfono, mostrando que no me había instruido

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