Capítulo 43. Mi cielo
Iván le besaba el cuello con toda la ternura que su ardiente deseo le permitía, ansiaba liberarla y aunque no podía descargar su frustración en el culpable de ese dolor, no iba a permitir que gobernara la vida de su ángel.
Elena le pertenecía y él estaba decidido a desterrar todo el daño que alguna vez le hicieron.
Con los labios reverenciaba cada tramo de piel y con el dorso de los dedos acariciaba el cuerpo de Elena, pero ella seguía inmóvil y nerviosa.
—Elena… —le suplicó.
—Tengo miedo.
Iván