El dolor era demasiado. Las articulaciones le quemaron y su sangre parecía que se estaba congelando.
Sostuvo la cabeza entre sus manos y apretó los dientes, queriendo que la sensación desapareciera. Una tempestad a la que se estaba enfrentando, resistiéndose al deseo extremo de consumir lo que fuese, y lo peor, todo estaba dentro suyo.
Sintió que se hundía en el mar. La mano le dolió, la herida sangrando no era suficiente para contenerse y tan solo al cerrar los ojos la saliva se le alivianó