Capítulo 105.
Con mucha paciencia y celebrando un triunfo que aún no culminaban de verdad como tal, en una llamada que los tenía con una posibilidad para seguir, Amaranta tenía una sonrisa de oreja a oreja, como Brandon tomaba lo que encontró en un sitio al que envió a Peralta.
Bell, cómo se llamaba el hombre con la obsesión enfermiza del cuchillo que tenía en la mano, como si el filo no fuese suficiente aún, imaginando lo fácil que sería atravesar el pecho del hombre que lo hizo quedar en ridículo en una p