La noche estaba tranquila en el apartamento de Dimitrios, pero dentro, el aire estaba cargado de una energía que no podía ignorarse. Amara y Dimitrios habían compartido una tarde relajada, pero algo en el ambiente había cambiado. Amara lo sentía. Había algo dentro de ella que la impulsaba, una chispa, una llama que pedía ser avivada. Y esta vez, no sería Dimitrios quien la guiara; ella tomaría el control.
Era como si la mujer de la que él se había enamorado —la suave, dulce y sumisa Amara— se h