Andrian conducía imprudentemente, ni siquiera se molestó en vigilar su velocidad. Todo en lo que podía pensar era en Fidelia, la posibilidad de que estuviera en problemas seguía parpadeando en su mente como una sirena de advertencia.
Cuando llegó frente a su casa, estacionó al azar, sin siquiera comprobar si lo había hecho bien. Abrió la puerta del coche y corrió hacia la puerta, sin importarle cerrarla detrás de él. Por suerte, la puerta estaba abierta.
Antes de entrar, hizo una pausa. Fue ent