Aino miró a Nigel. Una sonrisa descarada se formó en sus labios.
Nigel se rio de inmediato. Hacía años que no se sentía tan a gusto como ahora. Tan relajado y tan... cálido. Finalmente dejaba de preocuparse.
Comió la golosina que tenía en la boca y dijo: “Verte sana y feliz, sin lesiones de ningún tipo, es mi mayor deseo. Aino, eres tan linda. Si tan solo tuviera algunas sobrinitas más como tú, ¿qué tan hermoso sería?”.
Aino se puso de puntillas y movió la nariz juguetonamente. Ella se rio a