“Jajaja, jejeje…”. Sentada en medio sus padres, Aino se rio de forma descontrolada y casi cae al suelo.
El sonido de su risa despertó bruscamente a Nigel, que descansaba en la sala de hospital a un lado.
Cuando abrió los ojos, el techo color blanco sorprendió sus ojos. Se dio vuelta para mirar a su alrededor, y estaba lleno del mismo blanco puro y hospitalario. Luego bajó la mirada y vio las sábanas. Tenían el mismo tono blanco clínico. Un mal presentimiento invadió su pecho. En ese momento, N