Al escuchar el grito de su hija, Sabrina se dio la vuelta para mirar a Aino: "¿Dónde, cariño?".
"Fuera de la ventana". Aino señaló el exterior de la ventana.
Sabrina miró en la dirección donde apuntaba el dedo de Aino. "¿Dónde? No veo nada".
"Mami, no ves bien. Tienes que ver más allá de la carretera, detrás de ese árbol. Mira, ahí hay dos ojitos negros". La mirada de Aino seguía fija en la distancia. No sentía ningún miedo por el par de ojos, porque Aino podía sentir calidez en su mirada.