Sabrina asintió suavemente con la cabeza.
Durmió muy bien en el hotel esa tarde.
Cuando se despertó, ya era de noche.
Al abrir los ojos, no vio a su esposo ni a su hija.
Sabrina se imaginó que Aino debió arrastrar a su padre escaleras abajo para caminar por los alrededores, posiblemente para que le comprara algo.
En ese momento, su teléfono volvió a sonar. Sabrina se estremeció. Horas antes la había llamado Selene. ¿Sería ella otra vez?
De ser así, Sabrina no podría mantener la calma.
Por