Entretenido por la interacción entre los dos tortolitos, Kingston dejó escapar una carcajada. Intentó contenerla, pero no lo logró. Se atragantó y empezó a toser descontroladamente, lo que despertó a la pequeña princesa que hace unos momentos estaba profundamente dormida.
"Tío Kingston, ¿de qué te ríes?", preguntó Aino, somnolienta.
"Yo... no me estaba riendo, solo estaba tosiendo", explicó Kingston, aún tratando de recuperar el aliento.
"Obviamente estás tosiendo por reírte demasiado. ¿Qu