Sebastian estaba concentrado en limpiar el sudor de la nariz de Sabrina de la manera más suave posible, como si las pequeñas gotas de sudor fuesen criaturas vivas podrian ser asustarlas.
La ternura en sus movimientos combinada con la adoración sin límites hacia Sabrina era la prueba más sólida de lo preciada que era para él.
Todo el mundo en la oficina se quedó sorprendido, mientras que Sabrina mantuvo la compostura. Todavía no se acostumbraba, pero desde que Sebastian regresó de Ciudad Kido