Mientras él seguía sorprendido, Sabrina se acurrucó de nuevo en la cama y volvió a dormirse.
Sebastián le preguntó: "¿Qué pasa? ¿No te sientes bien?".
De espaldas a él, ella levantó el brazo que estaba con moretones de chupones y le golpeó el pecho. Él agarró su brazo con su mano y la detuvo. La piel de ella era tan suave y tersa, que él sintió que la lastimaría si la presionaba más fuerte. La levantó de la cama, obligándola a mirarlo y le preguntó seriamente: "¿Estás enferma?".
Sabrina ne