Capítulo 370
Mientras tanto, el coche seguía avanzando sin control.

Sabrina se movía en los brazos de Sebastian, llorando y gritando. En cambio, él no estaba asustado en absoluto. Se limitó a sujetar a Sabrina fuertemente con un brazo antes de agarrar el volante con el otro. Sus finos labios susurraban tranquilizadores en los oídos de Sabrina: “No te asustes, no tengas miedo, estoy aquí. Suelta el acelerador”.

Al escuchar esto, Sabrina empezó a tranquilizarse.

Al principio, ella ni siquiera se atrevía a
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