Era como si la madre de Eevonne no pudiera oír que Kingston la estaba atacando. No dejaba de lamentarse y gritar: “Eevonne, hija mía, ¿dónde estás?”.
En ese momento, incluso los policías sintieron una tristeza indescriptible al verla así. Uno de los policías no pudo evitar darle algunos consejos: “Señora, no está nada mal que una persona quiera a sus seres queridos, a su familia, a sus sobrinas y sobrinos. Eso significa que usted es una buena persona y que tiene conciencia y es generosa. Sin emb