Él no tenía ninguna rima ni razón, y ni siquiera la conocía, pero dijo: “De acuerdo”.
Fue porque esa voz en su cabeza le estaba diciendo repetidamente que la aceptara. Fue porque, desde el fondo de su corazón, él realmente sentía lástima por esta mujer ante sus ojos quien saltó hacia sus brazos. También fue por esa chica pequeña y fea que estaba llorando con todo su corazón, y también por esa niña aún más pequeña. Vireo sintió una lástima incomparable por ellas por alguna razón.
Cuando escuchó