Los ojos de Noah se enrojecieron por las lágrimas que no podían derramarse. “Madre, lo siento. Ni siquiera puedes ser invitada a asistir a la boda de tu propio hijo”.
Su madre se rio con resignación. “Está bien, mi querido hijo. Mientras estés bien, yo seré feliz”.
Después de una breve pausa, ella preguntó nuevamente: “Dime, ¿cuál es el nombre del hotel donde se llevará a cabo la ceremonia de tu boda?”.
Noah respondió de inmediato: “Está justo aquí en la Ciudad del Sur, se llama Hotel Intern