Desde aquel encuentro que tuve con ese hombre de ojos dorados, al cual llaman Rodrigo, “el lobo blanco”, he tenido constantes sueños lúcidos con esa bestia mitad hombre. Todo estaría bien, si no fuese porque cuando lo veo, me siento sofocada, a merced suya, sin poder hacer mi voluntad, como si fuese a ser devorada por una fuerza mayor, con la que no puedo ganar.
Por ello, lo único que debo seguir haciendo es seguir ocultando mi ubicación, no pretendo encontrarme con él, menos rendirme a sus pie