KATHERINE SALLES - CAPÍTULO 0051
Mi cuerpo reaccionaba como si hubiera estado esperando este momento desde siempre; en realidad, desde aquel día en que nos besamos en Acapulco, dentro de aquella cabaña abandonada.
El beso descendió por mi cuello, dejando marcas de un calor ardiente. Incliné la cabeza, ofreciéndole más espacio, y un gemido escapó de mis labios. Lo sentí sonreír contra mi piel.
—Te gusta esto... —provocó, con su voz grave vibrando dentro de mí.
—Cállate y sigue... —repliqué, jade