Arnaldo no puede creer lo que esa pequeña criatura le está pidiendo. Pero ahora que están a solas, quiere aprovechar y sacar información sobre su esposa.
—¿Cómo te imaginas a tu papá?
El niño puso su dedo índice en el mentón e hizo como si lo estuviera analizando. —Fuerte y guapo, así como tú. —Respondió finalmente.
—En ese caso, acepto ser tu padre. —Dijo Arnaldo con una sonrisa y con su corazón palpitando a mil.
—¡Qué bien! —exclamó, emocionado, y se lanzó a abrazarlo en esta ocasión.
—Campeó