Fabrizio regresó al jardín, agarró una copa de vino, bebió un gran sorbo. Lorenna ya se había marchado, seguir allí ya no tenía sentido. Fue a donde se encontraba Ramses.
—Lorenna se marchó.
—En serio.
—Si, iré a avisarle a los demás y nos largamos de aquí.
—Estupendo, aquí no hay como divertirse, lo único bonito que hay es Mariangel.
—¿Te siguen gustando las brujas?
—Ella es un ángel, mirala —Los dos se quedaron mirando hacia donde ella estaba—. Es tan linda; pero me mira como si tuviera balas