Harry
Mi mente me transportaba con frecuencia al momento en donde mis manos recorren el cuerpo de Leah, tanto que cuando desperté tenía un pequeño problema. Tuve que colocarme una de sus almohadas cubriendo la erección.
—Hola —le dije apenas vi que se movía—. ¿Dormiste bien?
—Sí, eso creo —sonríe en cuanto me ve—. De verdad te quedaste toda la noche.
—No creías que te iba a dejar sola, ¿o sí?
—¡Buenos días! —entra Michael sonriendo con dos cafés—. Adivinen a quién dan de alta hoy.
—A mí, ¿Qué h