Lena se detuvo en seco y miró con impaciencia al hombre de la silla de ruedas.
—¿¡Qué quiere señor Di Monti!? ¿Acaso me va a obligar a escucharlo?
Cristhofer miró fijamente a Lena, su ex novia, que lo ama desde hace muchos años nunca ha sido tan desobediente como ella. Pero, la mirada de la mujercita presente lo molestaba tanto que nadie se había atrevido a irritarle.
—¡Estás despedida!— informa todo prepotente Cristhofer
La pobre Lena palidece. No podía perder el trabajo.
Pero vio q