Capítulo cincuenta y nueve. ¡Tienes que ver un médico!
Angélica cerró los ojos y cubrió sus oídos con sus manos para no escuchar las palabras de su padre. Si ella pudiera elegir entre: escucharle decir que era su culpa o que la golpeara, prefería los golpes, dolían menos que las palabras, herían menos y dejaban menos huellas en su cuerpo de lo que las palabras dejaban en su corazón y las que ya la habían marcado de por vida.
—No me has respondido, Angélica y mi oferta no durará todo el día —interrumpió Richard los pensamientos de la joven.
—¿Qué te