Después del beso apenas pude dormir, y para cuando lo hice los primeros rayos de sol ya aparecían en el firmamento. Desperté pasado el medio día y me sentí horrible, porque nadie me había despertado! ahora todos pensarían que era una vaga y una perezosa.
Baje a desayunar pasadas las doce ya en vez de desayuno fue el almuerzo.
Después de comer me senté en el sillón que había debajo de la ventana y deje volar mi imaginación.
— Isabel, podemos hablar de lo que paso a noche—
— No te preocupes ya lo