Punto de vista de Alaric
—Cuñado… ¿podrías dedicarme un momento? —canturreó una voz empalagosamente dulce. Su tono era tan azucarado que me revolvió el estómago.
Ni siquiera me molesté en mirarla. Definitivamente no estaba de humor para los jueguecitos que quisiera jugar. Mis ojos se desviaron hacia Nathan.
—Prepara el coche. Nos vamos pronto —dije con tono calmado, ignorando por completo al insecto que no merecía ni una mirada.
Nathan se sobresaltó un poco, pero comprendió al instante.
—Sí, se