CAPÍTULO 43
Luana Smith
Después de muchos intentos, aquel caballero finalmente nos dejó en paz durante toda la noche. Lo sé porque a través de los huecos de las ventanas que estaban cerradas con cortinas, podíamos ver el resplandor del sol cuando llegaba el amanecer.
Me muero de pena por mi amiga Luzia, tanto ella como yo, amanecimos atadas a dos sillas con los brazos atados hacia atrás, y fue tortuoso, completamente incómodo, me duele todo el cuerpo, no podemos dormir n