Leonard cogió el ascensor y se dirigió al décimo piso, al despacho del presidente.
El despacho de su padre era grande y tenía dos habitaciones. La habitación de entrada era su oficina y la de dentro contenía una cama y un baño.
Leonard abrió la puerta y encontró a su padre comprobando su teléfono.
—¿Puedo pasar? —preguntó Leonard.
—Oh, ¡Leonard...! Te iba a llamar hace un momento, pero curiosamente tu número ya no está en mi directorio —dijo Robert, levantándose. Leo