Matías Ivanovich
— ¡lárguense todos de mi oficina!— grité fuera de control.
Pude ver como Gustavo me miraba sorprendido y aún así hacía que llegaban de mi oficina sabías que había perdido el control delante de las personas equivocadas Pero había estado todo este maldito tiempo aguantándome el hecho de que no me respetaran como me respetaban antes.
Todo era su culpa.
Todo era culpa de ella.
Furioso caminé por la sala para dirigirme hacia las escaleras la subí y llegué directamente a la habitació